Algunas de mis reflexiones sobre responsabilidad

ImatgeUno de los temas que el movimiento 15M puso sobre la mesa fue el de la responsabilidad de las elites políticas y financieras en la gestación de lo que se ha denominado gran depresión. Al grito de “no nos representan”, se dejaba patente que por un lado eran esas élites las que habían consentido, por acción especulativa o por inacción legislativa, la burbuja financiera. Se transmitía además un componente moral de la representación. Y es que esos dirigentes, que acumulaban riqueza y poder, no habían sufrido ninguna consecuencia negativa de sus acciones. ¿Dónde estaba la responsabilidad de nuestros dirigentes sino se recibía ningún castigo por la mala gestión? Y es que es en algunos ámbitos la responsabilidad se diluye tanto que los desastres parecen no tener ningún padre. Me centraré en el sistema político actual para intentar clarificar algunos aspectos que requerirían de una revisión prioritaria si se quiere restaurar la credibilidad de nuestro sistema democrático .

El primer punto hace referencia a la responsabilidad moral y política, aquella que va mas allá del obsoleto debate sobre la imputación, acusación y culpabilidad. Recordar a los partidos y cargos electos que la confianza depositada en ellos por los ciudadanos se puede ver afectada no solo por sentencias firmes judiciales sino comportamientos extrajudiciales no debería ser necesario en un sistema democrático. Pero es que este sistema tiene carencias que la perentoria situación actual convierte en urgentes. No hay verdadera responsabilidad en el hecho de desempeñar un cargo público si en caso de negligencia no hay ninguna vía punitiva que el electorado pueda activar. La actual respuesta de que en caso de imputación debe primar la presunción de inocencia es válida y un pilar fundamental de nuestro sistema de derecho. Sin embargo, esta respuesta solo hace referencia a responsabilidades jurídicas. Ni rastro de la social y política, básicas en la definición conceptual de responsabilidad.

Un segundo punto a analizar es si la afirmación de que los ciudadanos pueden expresar este descontento en las urnas es real en este sentido. El actual sistema de partidos y listas cerradas hace que para el ciudadano castigar a un representante concreto sea imposible. Su vía de castigo mas rápida es votando a otro partido. Esta percepción acentúa el hecho de que las élites se protegen entre sí. No podemos permitirnos un sistema en el que sólo se depuran responsabilidades legales con sentencias firmes. Actos de dudosa legalidad, comentarios que atentan contra los derechos de una parte de la sociedad, conversaciones desafortunadas, comportamientos inapropiados deben de poder ser sometidos a la confianza de la ciudadanía. Para ello los representantes deben saber que de su buen desempeño dependerá su reelección, y no de la oscura confección de unas las listas electorales, algunas veces elaboradas por los mismos cuestionados.

Es necesaria una nueva cultura política si lo que queremos es restaurar la imagen y estabilidad de nuestra democracia. Para implementar esta nueva forma de hacer y relacionarse, ciudadanía y representantes, deben abrir y promover un debate maduro. Hay que revisar los actuales cánones del pacto político-social. Los representantes políticos no sólo gestionan lo público, deben hacer política. Pero los cambios en los usos y costumbres no necesitan sólo de nuevos marcos legales y actuaciones judiciales, son necesarios movimientos claros y contundentes. Temas como listas desbloquedas, circunscripciones electorales, ley de partidos o cambios estaturarios han sido puestos en la agenda por parte de del PSC y otros partidos progresistas en los últimos tiempos. Pero hay acciones que pueden y deben ser acometidas sin dilación, nuestra credibilidad y nuetros votantes (pasados, presentes y potenciales) nos lo reclaman. ¿Quién asume la responsabilidad de retrasar estas actuaciones? Y lo que es más preocupante: ¿Por qué algunos parecen querer postponerlas?

De principios de incertidumbre y artes varias

Durante las últimas semanas he leído y escuchado mucho acerca de los usos, virtudes y defectos de la disciplina de voto dentro de los partidos políticos.  No soy un docto en la materia ni tampoco un fanático de la norma. Considero que el actual sistema de listas cerradas y ley electoral ha quedado obsoleto para la actual sociedad y democracia española. Así como el actual sistema de democracia interna del PSC está basado en estructuras que se concibieron para una sociedad de hace 2 siglos. A ello seguro que dedicaré futuras entradas en este blog. En lo referente a la disciplina de voto santificada en unos estatutos que no siempre se cumplen considero que lo que se ajusta a la norma, lo normal, no es correcto por sí solo. Mi profesión de médico  hace que conciba la realidad desde un punto de vista eminentemente subjetivo aunque en base a un conocimiento teórico objetivo. Es posible que esta predisposición profesional a adaptar el conocimiento empírico a una situación única en cada paciente concreto haya impregnado otras áreas de mi cerebro. De ser así, mi capacidad de concebir el mundo y la realidad desde una perspectiva menos pragmática podría estar comprometida, lo reconozco y asumo. Sin embargo, me hace posible creer que un mismo problema puede tener soluciones distintas, incluso para una misma situación y contexto que se repitieran hasta el infinito no me resultaría difícil imaginar infinitas soluciones diferentes, todas ellas correctas.

Werner Heisenberg. Nobel de Física, 1932

Es una especie de principio de incertidumbre que hace de los médicos en nuestra egolatría superlativa concibamos la  medicina como un arte y no solo una ciencia (no ignoramos que todas las profesiones tienen algo de arte y que el ser humano tiene un deseo innato a la transcendencia, pero parece que nos reconforte creerlo así). En términos políticos, la dirección del PSC ha pasado en dos meses de considerar sacrosanta la disciplina de voto a romperla. Podría tratarse en de un ejemplo más del principio de incertidumbre.
Gráfico del Principio de Incertidumbre[/caption]Podríamos decir que es una manifestación que demuestra que la política es un arte y no sólo una ciencia. Sin embargo, cuando uno no explica mediante un razonamiento sólido y claro que hace que hoy veamos brechas, vericuetos o grandes avenidas donde ayer solo  veíamos un alto muro infranqueable, entonces, uno puede dar  una impresión bien diferente. Mi duda fundamental  es si el mensaje que se puede percibir sobre el posicionamiento del PSC sobre el derecho a decidir y como quiere plantear el futuro de Cataluña dentro de España es claro o no. Es difícil de explicar porque hoy uno hace lo que ayer condenó. Y alguien debe asumir  la responsabilidad de la impresión que podemos dar sobre que en Cataluña se percibe como centralismo lo que en Madrid se percibe como ruptura nacional. No se trataría pues de un ejemplo del principio de incertidumbre sino de simple incertidumbre.  Y es en esa pequeña diferencia donde surge la duda de si estamos o no ante un ejemplo más del arte de hacer política. Que el lector piense lo que a su juicio considere oportuno acerca de la disciplina de voto y acerca del manoseado debate nacional pero a mí me surgen dudas de hacia dónde estamos caminando y si no estamos perdiendo el objetivo principal de luchar por una sociedad más justa. De buen seguro que en los próximos días le saldrán al paso muchas y más sesudas explicaciones.

Un compromiso personal

Mi comprommiso

Este es mi primera entrada en Prenem la Paraula. Supone además mi primera participación en un blog. Lo hago con la convicción de que el debate abierto, honesto y franco siempre resulta enriquecedor. A lo largo de mis futuras entradas iré compartiendo con vosotros mi visión del mundo. Lo hago desde la más absoluta humildad y aceptando la crítica como un elemento que enriquece y aporta profundidad a los argumentos.

En los tiempos que corren parece que nunca antes en la historia de nuestra joven democracia el papel de la política ha estado tan cuestionado. Así lo indican las últimas encuestas de opinión. A esta situación de desapego ciudadano se llega tras lo que se ha venido a llamar como la Gran Recesión. Esta última ha tenido un mayor impacto y está siendo más duradera para los ciudadanos europeos.

Lo que comenzó como una crisis financiera en el sistema norteamericano ha terminado ocasionando una crisis económica global. La actual situación supone para las generaciones de europeos nacidas tras el final de la segunda guerra mundial la primera gran amenaza sistémica a su bienestar. Dentro de la Unión Europea los estragos sociales se están dejando sentir de forma especialmente virulenta entre los denominados países periféricos. La lenta y no muy acertada gestión que se ha hecho desde las instituciones y líderes europeos ha provocado una profunda indignación en una buena parte de la sociedad. En España esta indignación creció con la implantación de medidas de corte neoliberal que han repartido los esfuerzos de forma desigual. De esta manera, la ciudadanía ha percibido que debía pagar por unos errores que ellos no habían cometido mientras que los altos cargos de indtituciones crediticias y políticos se retiraban a sus casas con suculentos beneficios.

Para los ciudadanos que se sentían próximos a posturas socialdemócratas esta frustración ha sido especialmente dura y ha provocado una justa ira y desafección. Como ciudadano progresista y de izquierdas puedo comprender que resulta difícil acaeptar algunas medidas de corte neoliberal que fueron implantadas o apoyadas por el principal partido de la izquierda. Y es que algo se habrá hecho mal. Y no podemos escudarnos en los innegables avances en derechos y libertades para no dar la cara antes los ciudadanos y votantes decepcionados.

A todo ello hay que añadir el continuo goteo de escándalos de corrupción en todos los estamentos del estado sin que la sociedad perciba que son justamente castigados. Particularmente en Cataluña la desafección con el Partit dels Socialistas de Catalunya se une a un contexto histórico donde parece que no somos capaces de reformular una propuesta económica ni social cercana a los principios de un partido que se considera catalanista y de izquierdas que aglutine a una mayoría social. Porque es esto último lo que no debemos olvidar: somos una fuerza política llamada a sumar los deseos de todas las catalanas y catalanes progresistas que se sienten parte de un pueblo con siglos de historia común. Para un partido como el PSC la tarea de recuperar un discurso mayoritario es más sencilla que para el resto de partidos. Y lo debe ser porque es lo que hemos representado históricamente en este país. No es una tarea desconocida para nosotros.

Además de los debates y divergencias que nos unen y separan en el proceso de adaptación a una nueva realidad rápidamente cambiante no debemos olvidar dos hechos que considero cruciales. Primero, un creciente sector de la sociedad ya no ve las estructuras orgánicas de los partidos con suficiente legitimación democrática. Como toda organización que desea representar la compleja realidad actual debemos adaptarnos a los cambios y plantear una revisión de nuestra estructura y de los procesos de toma de decisiones. En un sentido más amplio, un sector de la sociedad también clama por un replanteamiento del actual sistema de partidos y de listas electorales. Desde el PSC tenemos la obligación de dar respuesta a estas peticiones de una ciudadanía que sin duda es progresista y de izquierdas. Y en segundo término, debemos acompañar ese cambio estructural con una forma de hacer política. Hay que acercar el debate político al ciudadano y no restringirlo a foros exclusivamente políticos donde la comunicación es unidireccional. La ciudadanía se siente en parte desafecta con el actual sistema porque siente que nada o poco puede decidir sobre las decisiones que afectan a la realidad que no le es inmediata.

Desde mi humilde punto de vista considero que este cambio en las forma de hacer política debe venir acompañada de una ley de trasparencia más amplia. Siento igualmente que debemos dar una respuesta enérgica a la corrupción. En este sentido, no podemos olvidar que cuando un ciudadano entrega su voto a un partido como el PSC lo hace con la convicción de que se trabajará por una sociedad más justa. Este deseo de justicia e igualdad incluye que las acciones deben tener una respuesta. Y la respuesta al aprovechamiento de una posición pública en beneficio de intereses particulares no puede ser solo judicial. Las sentencias no devuelven la confianza al ciudadano y el actual sistema de partidos y la ley electoral vigentes no facilitan el castigo electoral individual.

La actual situación política es complicada, pero no supone nada en comparación al sufrimiento de miles de familias de este país y de casi seis millones de personas que no encuentran empleo. Siento que debemos cambiar para mejorar. Siento que luchar por un mundo más justo es una obligación moral para con la sociedad en la que vivo. Por ello me hice militante del PSC hace año y medio. Considero que el PSC tiene las personas y las herramientas para liderar de nuevo el discurso progresista de izquierdas. El PSC sabrá demostrar que una nueva forma de hacer política es posible. Es una labor difícil, pero la historia nos enseña que juntos y con convicción podemos construir un futuro mejor para todos.

Un inici…

Prenem la paraula. Com abans altres l’han pres. Com esperem que molts altres ho facin…

mitingdelallibertat

Ho fem perquè creiem que vivim moments on no es podem permetre els silencis. Cada veu que roman callada és una oportunitat perduda de fer millor el món que ens envolta. De transformar la societat. D’encaminar-nos cap a un futur més just. I tenim clar que per naltros no serà. I si durant el camí podem convèncer a més gent que alci la seva veu, molt millor.

Avui deixem enrere la seguretat de les converses en petit comité per donar publicitat a les nostres opinions, queixes, pors, il·lusions, projectes, adscripcions i solucions. I ho farem des de la perspectiva d’ activistes polítics. De militants al Partit dels Socialistes de Catalunya.

La imatge que il·lustra aquesta entrada és del conegut com míting de la llibertat. I és una declaració d’ intencions. Moltes de les aportacions giraran al voltant del #PSC. Perquè creiem que és la millor eina per transformar la societat. Perquè volem treballar per a què es torni a generar l’ il·lusió que bullia al Palau Blaugrana aquell 22 de juny de 1976. Perquè ha de tornar a representar la centralita social catalana.

Per tot això, avui prenem la paraula i et convidem que tu també ho facis.